La serie Lágrimas del deshielo toma como concepto la fantasía onírica.
El sueño en el mundo griego era un Dios alegórico hijo de la noche y hermano de la muerte.
Según Homero, quien se refiere a “los sueños”, éstos habitaban las riberas tenebrosas del océano occidental y anunciaban la verdad.
En los orientes Lejano, Medio y Cercano el sueño es un elemento fundamental de la profecía.
Oriente y Occidente coinciden en el carácter revelador que el sueño posee y la veracidad del mismo.
Todo artista, debiera transmitir la verdad. Espeche encara un proyecto audaz al utilizar su fantasía onírica y convertirla en metáfora para revelar uno de los signos de nuestro tiempo. Su objetivo se cumple y la conversión de sus sueños cierra en esta serie que presentamos.
Como un poeta trágico comienza y concluye con el mismo concepto-imagen y como un héroe clásico vence su destino al consagrar esta producción a una temática difícil y comprometida.
Un Dios alegórico lo inspira. Así se convierte, utilizando una metáfora platónica, en “intermediario” de los dioses y articula un lenguaje que lo trasciende.
Su arte pasa a ocuparse del “caos” (noche-muerte) valiéndose de una paleta personalísima y opresiva, donde el negro (negación del color) es protagonista, y logra definitivamente alcanzar el “cosmos” (día-vida).
Imágenes de una terrible y particular belleza, como un profeta, las vuelve apocalípticas “Thanatos”, “Nado que Sueño”, o la desgarradora “Lágrimas del deshielo”, son un claro ejemplo. Pero la serie conserva una luz esperanzadora, “La vida”.
Se vuelve a abismar, vive el abismo, lo mira, lo incorpora, lo describe pero no se queda ni nos deja en él, tal y como lo hiciere en su memorable serie “Pesaj” donde se acercó a los momentos más dolorosos de la pasión de Cristo.
El “ojo satelital” de Santiago Espeche le permitió ver y narrar una gélida experiencia, una perturbadora aproximación a la verdad objetiva de su tiempo desde la subjetividad de la verdad de sus sueños, pero no la que está en un sueño “ sino en la suma de todos sus sueños”.
Prof. Dr. Eduardo Tenconi Colonna, Recoleta 2008, Buenos Aires Argentina